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Meditación sobre Hechos 10 del pastor David Jang (Olivet University): el Espíritu Santo y el evangelio de la misión mundial

La noche en que cayó el Muro de Berlín, la gente no vio solamente el derrumbe de una estructura. También escuchó el estruendo de un miedo que durante mucho tiempo había separado a unos de otros, de prejuicios ya arraigados y de un viejo orden que había definido al prójimo como extraño. Hechos 10 nos muestra justamente una escena semejante dentro de la Escritura. No se trata de un muro visible, pero sí del momento en que la frontera más firme entre judíos y gentiles se derrumba ante el Espíritu Santo. Eso es precisamente lo que el pastor David Jang, fundador de Olivet University, subraya repetidamente en este pasaje. El evangelio no queda encerrado dentro de los cercos construidos por el ser humano, y la gracia de Dios se mueve de una manera mucho más amplia y profunda que las categorías que nosotros hemos establecido.

Hechos 10 parece, a primera vista, la historia de dos personas, pero en realidad es un gran punto de inflexión que muestra cómo Dios abre la puerta de la misión mundial. Uno de ellos es Cornelio, un centurión romano; el otro es Pedro, discípulo de Jesús. Ambos eran distintos en etnia, cultura y trasfondo religioso. Desde una mirada humana, parecía una combinación imposible, dos personas que difícilmente se sentarían juntas. Sin embargo, el Espíritu Santo estaba preparando a ambos al mismo tiempo. Ese es el misterio del evangelio. La misión siempre comienza, antes que por los planes humanos, por la preparación de Dios.

Cornelio era militar, pero al mismo tiempo un hombre que temía a Dios y se dedicaba a la oración y a la ayuda a los necesitados. Esta escena es sumamente importante. Dios ya estaba preparando un alma en un lugar que muchos consideraban fuera de la Iglesia. Según los criterios religiosos humanos, podía parecer todavía incompleto, pero la mano de Dios ya estaba obrando en su vida. El pastor David Jang destaca aquí que no debemos concluir, solo porque alguien aún no está dentro de la Iglesia, que esa persona está fuera de la obra de Dios. Dios siempre actúa antes de lo que nosotros imaginamos.

Aún más impactante es la obediencia de Cornelio. Al escuchar la visión, no vaciló. No se movió porque lo entendiera todo perfectamente, sino porque respondió a la palabra que había oído. Aquí volvemos a aprender la esencia de la fe. La fe no comienza cuando todo está resuelto, sino cuando damos el primer paso en obediencia al escuchar la voz de Dios. La obra del Espíritu Santo siempre entra en la realidad a través de esa puerta de obediencia.

Al mismo tiempo, Pedro estaba siendo preparado de una manera completamente distinta. La visión del lienzo que vio y la voz que le dijo: "Lo que Dios ha limpiado, no lo llames tú impuro", no trataban simplemente del tema de las normas alimentarias. Ese episodio puso al descubierto cuán profundamente estaban arraigados en el corazón humano la tradición judía, la conciencia de ser el pueblo escogido, las fronteras religiosas y la exclusividad cultural. Pedro era discípulo de Jesús y había experimentado el derramamiento del Espíritu Santo en Pentecostés, pero aun así no se había desprendido por completo de sus viejos esquemas interiores. Hechos 10 sacude precisamente ese punto de frente.

Las personas suelen confundir con la verdad misma las costumbres que han guardado durante mucho tiempo. Lo familiar se absolutiza fácilmente, y la tradición termina convirtiéndose en una línea divisoria. Pero el evangelio siempre plantea una pregunta: ¿qué es lo que realmente debe preservarse? ¿El orden humano al que estamos acostumbrados, o la puerta de salvación abierta en Jesucristo para todas las naciones y todas las almas? Aquí está también el desafío que, según el pastor David Jang, este pasaje lanza a la Iglesia de hoy. El objeto de nuestro arrepentimiento no es solo la oposición del mundo. A veces, los mayores obstáculos para el camino del evangelio son los prejuicios que aún permanecen en nosotros, el sentimiento de superioridad espiritual y la mirada silenciosamente discriminatoria.

Por eso, la escena en la que Pedro entra en la casa de Cornelio en Cesarea no es simplemente una visita, sino una transformación de la propia Iglesia. Pedro no acepta la reverencia de Cornelio, sino que dice: "Yo también soy hombre". Esta sola frase condensa la esencia del evangelio. Delante del evangelio, nadie puede colocarse por encima de otro ni presentarse como más puro. Todos estamos en pie por gracia, y todos necesitamos misericordia. Y es precisamente en ese lugar donde desciende el Espíritu Santo. La razón por la que los creyentes judíos se sorprendieron era clara: estaban viendo cómo el orden de salvación al que se habían acostumbrado quedaba completamente reorganizado por la gracia de Dios.

Al final, Hechos 10 no es solo la historia de la conversión de Cornelio, sino también la historia de la conversión de Pedro y de la Iglesia. La misión mundial no comienza primero al partir hacia tierras lejanas, sino cuando se derriban los muros que están dentro de nosotros. El Espíritu Santo no solo atraviesa fronteras geográficas; también obra más allá de nuestras ideas fijas, de nuestros corazones cerrados y de nuestro lenguaje excluyente. Por eso, la misión no es solo un desplazamiento de lugar, sino un cambio de mirada, un arrepentimiento del corazón y una expansión de la comunidad.

Esta pregunta sigue siendo plenamente válida para la Iglesia de hoy. ¿A quiénes seguimos juzgando en nuestro interior como "impuros"? ¿Acaso, por llevar mucho tiempo en la fe, creemos saber más y encerramos las posibilidades de Dios dentro de nuestra experiencia limitada? Hechos 10 nos dice que Dios ya está preparando, en algún lugar fuera de la Iglesia, a personas como Cornelio. Por eso, la misión de la Iglesia no consiste en proteger la seguridad de su propio interior, sino en avanzar con obediencia hacia lugares desconocidos, siguiendo la guía del Espíritu Santo. El evangelio siempre derriba muros, la gracia siempre cruza fronteras, y es en ese fluir donde la Iglesia llega a ser verdaderamente Iglesia.

davidjang.org